El singular paraje que aloja a Dobres y Cucayo constituye otro ejemplo, como los casos de Tresviso o Caloca, de esos “mundos aparte”, donde el hombre ha logrado asentarse, a base de un constante esfuerzo de adaptación al medio. Ambos, Dobres y Cucayo, son localidades eminentemente ganaderas, rodeadas de montañas y cuya única salida natural es el curso del Río Frío.
Desde hace más de cuatro décadas, el antiguo camino de Las Retuertas ha sido sustituido por una carretera de complicado trazado, en la que hay que atravesar dos túneles horadados sobre la roca caliza.
Desde aquí arranca el camino que conduce a los Puertos de Pineda, zona de pastos estival, frecuentada por el Oso Pardo Cantábrico. En Cucayo, a pocos metros del inicio de la ruta, se aprecia cómo la caliza aparece entre suelos de diferente naturaleza como los conglomerados, areniscas o arcillas.
A través de este circuito se recorren, en primera instancia, un abedular, y más adelante un frondoso hayedo, como principales formaciones vegetales. Asimismo, se irán alternando zonas arbola das con otras ganadas al bosque para prados de siega, y cerca de estos aparecerán los invernales (Ranes, Las Praízas), construcciones de abrigo y pajar para épocas de mal tiempo, cuando el ganado baja de los puertos.
El invernal se utiliza como apoyo en la constante trashumancia que sufre el ganado a lo largo del año: desde la cuadra del pueblo en los meses más rigurosos del invierno, hasta los pastizales de altura de los puertos durante el verano; es por ello que normalmente se encuentran en zonas intermedias entre el pueblo y el puerto.
Después de Las Praízas, se inicia el descenso hacia Cucayo, por una estrecha senda que parte bajo el Pico Mamozán (o Pecinos), junto a la portilla de un prado (a la izquierda de ella); la senda, que baja junto al Río de Requejada, se va abriendo camino entre unas hayas singulares.


